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martes, 5 de agosto de 2014

Felicidades, padrino

Molt honorable padrí:

Hasta aquí mi soltura con el catalán, así que pasaré al castellano y me quedaré en este testimonial guiño, expresión que viejos caudillos corruptos y traidores han ensuciado con su prodredumbre.

Comencemos de nuevo.

Resulta inevitable echar la vista atrás en fechas como éstas, en las que precisamente lo que conmemoramos es el tiempo que ha pasado. Pero más allá de la inevitable nostalgia, siempre ha de ser motivo de regocijo, pues sólo los que estamos en esta tierra tan maravillosa como miserable podemos echarnos aniversarios al zurrón. El mirar por el retrovisor debe ser una oportunidad de lucir con orgullo los éxitos conseguidos y mirar con esperanza y, por qué no, con ambición, los que aún están por llegar. Ésos, sólo el destino es capaz de escribirlos. Los mortales hemos de conformarnos con bucear en la retrospectiva.

Retrospectivemos, pues. Burlones ríos al margen, no puedo hablar más allá del tiempo en que nos conocemos. Claro que habría que contar mucho de lo vivido anteriormente, pero como antes de eso no ceñías mi apadrinamiento, tampoco tiene demasiada importancia. Quizá, acaso, sólo tu paso académico por Valladolid, que permitió forjar lo que hoy en día es nuestra relación (al igual que con Charo, quien ya tendrá sus líneas llegado el día de sumar años, en una fecha estupenda, por cierto).

Algo debimos hacer bien en la capital castellana para amueblar tan bien esa cabeza, la cabeza de un leonés criado en el País Vasco y residente en Cataluña. ¡Toda una macedonia de independentismos! El caso es que estoy seguro que cientos de alumnos a lo largo de estos años podrán corroborar mis palabras, aquellos que tuvieron la suerte de contar con el señor Vicente como maestro y profesor, el profe Jacinto Vicente Matilla.

Al no haber gozado de ese privilegio, yo habré de recordarte como Vicente el dormilón, un vicio que, dicho sea de paso, he adoptado en tu honor con razonable entusiasmo.

Padrino, una palabra que la incansable mafia ha popularizado para mal, pero que en mi caso puedo emplear con orgullo y satisfacción, como diría cierto cazador jubilado de vejez averiada.

Y puedo porque, a diferencia de esos dispuestos padrinos sicilianos que tarde o temprano acaban exigiendo el retorno de su generosidad, tu entrega a fondo perdido (casi pareces el Estado rescatando bancos) hace que siempre pueda presumir de padrino. De ese padrino culto, comprometido con la Educación y bonachón que, junto a una indomable artista manchega nacida en la tierra de Zorrilla, hace de la ciutat comtal un destino de visita ineludible.

¡Qué orgullo de tener el padrino que tengo!

Feliz cumpleaños, padrino.

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