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martes, 20 de noviembre de 2012

La Biznaga surcó el Canal de Castilla

Alicia del Campo y Juan M. Salamanca
Foto: Fernando Santos Santamarta
La Biznaga, el mítico barco patroneado por el capitán Turk y tripulado por valientes marineros de todas partes, sin patria ni bandera, con la piratería como sustento, se hizo de nuevo a la mar el 19 de noviembre del año del Señor de 2012, en una travesía de setenta millas náuticas a lo largo del Canal de Castilla, obra de ingeniería civil que vertebra la vieja Castilla y que permite, desde el extremo de su Ramal Sur en Valladolid, llegar a los pies de la Cordillera Cantábrica, en el municipio palentino de Alar del Rey, de donde arranca su Ramal Norte.

Allí precisamente se dio a conocer la novela 'En busca del hogar' ante un grupo de intrépidos amantes de la cultura que plantaron cara a los tópicos que injustamente ofenden al medio rural, y que animaron el acto con sus preguntas y sus anhelos de conocer un poco más esta aventura de piratas de cuya publicación se cumple ahora un año.

No resultó fácil, pues para llegar hasta allí, los hermanos de la Biznaga hubieron de remontar cuarenta y dos esclusas con las que superar las ciento ochenta y cinco varas y media (ciento cincuenta y cinco de los modernos metros) de desnivel existente entre la dársena de la Victoria, en Valladolid, y la de Alar. Como en toda travesía, las dificultades causaron bajas en la tripulación, y en esta ocasión fue el escritor y amigo Dioni Arroyo quien no pudo llegar a buen puerto, como estaba previsto, por ineludibles compromisos laborales, toda una suerte en estos inciertos tiempos que corren. Para colmo, el programa de gimnasia femenina y batuka se convirtió en una aguerrida guarnición dispuesta a defender las posiciones de la plaza frente al ansia saqueadora de los piratas.

Lectura de un fragmento de 'En busca del hogar' junto a Alicia del Campo
Foto: Fernando Santos Santamarta
Pero como es bien sabido, nada detiene el hambre voraz del capitán Turk, y al cabo sus hombres entraron a saco en la localidad, blandiendo las espadas y flameando su pabellón rojo adornado con flores de jazmín y un ojo que todo lo ve.

Para ello contaron con la inestimable ayuda de la coordinadora de la Biblioteca y del Club de Animación a la Lectura local, Alicia del Campo, así como con un público en el que las féminas se impusieron por estrecho margen a los varones.

Tras saquear el municipio, los piratas levaron anclas y se alejaron del lugar, quedando impunes sus crímenes, como en ellos es costumbre, aunque con un grato recuerdo que esperan se traslade a los alarenses que desde el lunes pueden leer la novela, y que permita nuevas visitas al norte de Palencia.

¡Gracias, Alar!

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